El amor nos vuelve tontos, tarados, locos,estupidos, etc.

10/03/2010

En Martín Fierro»— encontramos siempre una frase que define a cada
uno de los temas de la vida. En lo referente al enamoramiento del hombre, dice: “Es zonzo el cristiano macho / cuando el amor lo domina”. En reali- dad, quedaba mejor decir tarado, pero al poeta José Hernández la palabra tarado no le entraba bien en el verso. También podríamos decir que el amor nos vuelve necios, tontos, memos, idiotas, lelos, imbéciles, palurdos, estúpidos y/o soquetes.


Y es así: los hombres enamorados se vuelven unos tarados y dejan de lado la mucha o poca lucidez que tenían antes de encandilarse por un par
de ojos redondos, bien parados y turgentes. Luego, con el amor viene el casamiento. Y se sabe que el hombre, para llegar al casamiento, tiene que estar muy, pero muy enamorado, porque si el amor no lo volvió tarado y está lúcido, no lo enganchan para la ceremonia nupcial ni loco, ni ebrio, ni dormido.

Para un tipo enamorado todo es lindo, y ésa es, quizás, la única explicación
de que muchos esperpentos femeninos que recorren nuestra ciudad han conseguido pareja. Es que toda mujer que logre enamorarnos, terminará siendo la mujer de nuestros sueños. Porque, póngale usted la firma que, de ahí en adelante viviremos como perfectos dormidos.

Además de volvernos ciegos, el amor nos vuelve sordos, lo que nos permite soportar hacer el amor cuando nuestra pareja puso en el centro musical un compact de Luis Miguel o Enrique Iglesias. Aunque, en materia de música, los ritmos que mejor acompañan al romanticismo de un enamorado son las melodías de un tango o un bolero, según los distintos enamorados que las escuchan. El tango es ideal para el tarado triste y el bolero para el tarado alegre.

Hay que ser muy despistado para no darse cuenta cuándo uno está enamo- rado. Porque si no hay diferencia con nuestro comportamiento anterior y hacemos tonterías como siempre, es que ya éramos idiotas mucho antes de enamorarnos.

Pero esto de enamorarnos o no va más allá de nuestra voluntad. Uno, que
se siente invulnerable a los peligros de una tierra salvaje, o no siente miedo frente a ese mastodonte con forma de portero de discoteca que pretende no dejarnos entrar, es capaz de temblar como una hoja en el viento frente
a una pequeña mujer, de no más de un metro sesenta y cinco de altura, pero con unas medidas de noventa-sesenta-noventa que le desbordan
el minúsculo top de seda y le rellenan perfectamente los vaqueros. Y le
agrego que uno es capaz de enamorarse de ella, a pesar de que esa per-
sona no sabe qué equipo de fútbol lidera en la punta del campeonato o quién es Schumacher y cuántos títulos mundiales tiene. Por algo dicen que
el corazón tiene razones que la misma razón desconoce. Eso pasa porque
al enamorado no le queda otra opción que razonar con el corazón, ya que cuando se enamora pierde la cabeza. Y nunca se sabe si un hombre ena- morado vive en el séptimo cielo o en una nube de gases estomacales. Pero, para el resultado final, las dos cosas son iguales

Trabajo o Pareja

9/01/2010
Algo tan normal como acudir cada día a nuestro lugar de trabajo se puede convertir en un obstáculo a la hora de distribuir los tiempos de ocio y las relaciones con nuestra pareja...

A priori, cada mañana nos levantamos, acudimos a trabajar y después volvemos a casa, esto es la rutina normal de muchos hogares. Ambos miembros de la pareja se encuentran separados la mayor parte del día y su tiempo para relacionarse es extremadamente limitado.
Cada día, el nivel de desempeño que se exige en las empresas es más alto y son muchas las personas que se mantienen en el trabajo hasta altas horas. En esta sociedad competitiva, el empleado que más se involucra con sus tareas y con el buen desarrollo de la empresa, será el más valorado y el que tendrá más posibilidades de ascenso.
Sin embargo, en este ascenso quedan a menudo en el camino la familia, los amigos y las relaciones sociales en general. En definitiva, la vida extralaboral desaparece.

Buscar el equilibrio o el cambio
Muchas parejas acuden a consulta porque no existe entre ellos una buena comunicación, no se ven durante el día y la hora de la cena se convierte en la oportunidad ideal para quejas y recriminaciones.
Unos se quejan del trabajo, de lo tedioso que resulta mantener el estatus adquirido; otros se quejan de las horas fuera de casa, de que no se ven nunca, del descuido de los hijos, etc. A pesar de que estas quejas son frecuentes, nadie hace nada por mejorar la situación y se convierte en una rutina que a menudo va unida a recriminaciones, discusiones, estrés, falta de comunicación, etc.
Si nos parásemos a pensar en los problemas que nos ocasiona el trabajo y todo lo que esto conlleva, probablemente seríamos más conscientes de qué es lo que queremos para nosotros y qué es lo que nos exige la empresa.
Tal vez podríamos encontrar un equilibrio y, si no es así, tal vez hayamos confundido nuestro rumbo profesional o, simplemente, es el momento de un cambio.

Aparte de los problemas de comunicación que ocasiona el no verse durante todo el día, hay que tener en cuenta las prioridades de cada miembro de la pareja.
Cuestión de prioridades
Aparte de los problemas de comunicación que ocasiona el no verse durante todo el día, o el que uno trabaje hasta las diez de la noche y el otro esté en casa con los niños, colegios, compras, etc., tendremos que tener en cuenta las prioridades de cada miembro de la pareja.
A menudo cuesta mucho que uno de los miembros se desligue de sus deberes laborales, que intente salir antes del trabajo, que delegue tareas o que no se responsabilice de algo... Para muchos significa el desprestigio profesional y la crítica de los demás y enfrentarse a todo esto para mejorar la situación familiar depende de las prioridades de cada uno.
Si estás dispuesto a perder a tu pareja e hijos, adelante, intenta ser jefe de producción o subdirector del banco y lucha por ello, pero sé consciente de lo que perderás en el camino.
Si, por el contrario, prefieres tener la vida sencilla de llevar a los niños al colegio, ir a las reuniones de padres, poder ir al cine un día entre semana, etc., entonces tienes que hacer una reorganización de tu vida laboral y renunciar a los privilegios que ello te aporta.

Hazte varias preguntas para descubrir qué es lo que quieres:
¿Qué me gustaría tener dentro de 20 años: una familia unida o un puesto de directivo? Tal vez las dos cosas sean compatibles, pero si no es así, remédialo a tiempo.
¿Necesito el extra económico que me aportaría un puesto mayor? ¿Esforzándome más día a día voy a conseguir un aumento laboral, o estoy estancado?
¿Puedo vivir siendo un empleado más o necesito, por encima de todo, un puesto más alto?
¿Mi autoestima seguirá igual de alta si bajo el ritmo?
¿Puedo hablar con mis jefes y reorganizar mi vida laboral?
Por otro lado, ¿tengo discusiones habitualmente con mi pareja por motivos laborales?
¿Llego tan tarde a casa que los niños están durmiendo y mi pareja no me habla porque cree que no me involucro y voy a lo mío?
¿Vivo holgadamente y gasto el dinero en caprichos innecesarios? ¿Podría vivir con menos?
¿Realizo actividades extralaborales de ocio con mi familia entre semana? ¿Hablamos del día a día y solucionamos los problemas juntos?

Detente a valorar las respuestas a estas preguntas y analiza la situación, tal vez puedas mejorar algo. Si decides mantener el puesto que tienes ahora y dejar de demostrar a los demás lo competente que eres, tendrás energía sobrante que podrás dedicar a tu familia y amigos.
El intento por mantener el estatus por encima de todo y de demostrar a mis jefes y compañeros que eres el más competente, no es más que una señal de inseguridad. Si relajas el ritmo y haces lo que se te exige, dando todo lo bueno que puedas, no tendrás que sentirte obligado a dar más.
Si ya das todo lo que está en tu mano, el desgaste que conlleva el querer dar más de lo que puedes te aportará negatividad en otros aspectos de tu vida y esto no te conviene.


Crisis en vacaciones
Otro componente que tiene que ver con la vida en pareja y relativo al trabajo, es el porcentaje de parejas que se separan pasado el verano que, supuestamente, es una etapa de relax, para descansar y poder disfrutar de la pareja.
Sin embargo, en muchas ocasiones, esto supone un problema, ya que durante todo el año las parejas se acostumbran a vivir individualmente, cada uno con su trabajo, los momentos juntos son excasos y se dedican a tratar temas domésticos y cotidianos. Cada uno se organiza a su manera y no cuenta con el otro, ya que sólo se ven a las 10 de la noche para cenar y acostarse.
¿Qué ocurre cuando llegan las vacaciones? La pauta se cambia, estamos juntos todo el día, tenemos que hacer las tareas domésticas, organizar las vacaciones, salidas fuera de casa, cenas con amigos, visitas familiares, etc., y en esta dinámica aparecen problemas cuando tenemos que contar con el otro para organizar las cosas. Surgirán trifulcas por no consultar algo al otro, por organizar una cena sin previo aviso, por querer imponer las ideas propias sin hacer caso a las del otro, etc.
El problema no es otro que la falta de comunicación existente durante todo el año. Hemos perdido la costumbre y ahora nos cuesta incorporar en nuestra dinámica a otra persona que supuestamente debería estar siempre ahí.

Con todo esta panorámica, sería bueno pararnos a pensar una serie de cosas: si no puedo salir antes del trabajo, si realmente me apetece estar hasta las 10 en mi empresa, si me gustaría estar en el cine o tomando algo con mi pareja, si el coste de hacerlo me supone tanto como creo, si puedo reorganizarme para tener lo que deseo en los dos ámbitos, si merece la pena perder a mi pareja para ser gerente...

Muchos años de novios. Mal Matrimonio?

7/13/2010

¿Hay algún nexo entre las relaciones de pareja muy duraderas y los matrimonios que fracasan a corto plazo?


Que las mujeres se casan más tarde o que muchas deciden no casarse, es ya una realidad. Que cada vez más parejas conviven y el matrimonio ya no es prioridad, también se ha vuelto una costumbre. Es que las relaciones de pareja han cambiado bastante en los últimos años, y la relación con el compromiso es muy diferente a la que alguna vez tuvieron nuestros padres o abuelos.

Hay un evidente cambio al enfrentar las relaciones de pareja, lo que se hace aún más patente en los noviazgos largos que a la hora de formalizar, sufren un extraño proceso que los lleva a la separación. Se trata de los matrimonios cortos, vínculos que fácilmente se destruyen y que quitan todo sentido a la conocida frase: ‘hasta que la muerte los separe’.

Y aunque a simple vista la ruptura se debe al término del amor, lo cierto es que las causas radican incluso en el entorno que rodea a la pareja.

La verdad es que las familias no presionan directamente para que la pareja formalice la relación, pero sí después de un tiempo se empiezan a generar expectativas, ambos núcleos familiares se empiezan a conocer y a compartir. Por lo tanto, después de ciertos pasos dados en el noviazgo, se espera que den los siguientes: casamiento, hijos, sobre todo si la relación es estable.

Es recomendable pasar por determinadas experiencias, antes de contraer matrimonio, con el fin de estar realmente seguros, respecto a lo que esperan de este compromiso.

Y claro que es recomendable que exista una convivencia previa para que se conozcan en otros roles, responsabilidades, compartiendo dinero, pagos, etc. Ahora esto tiene sus riesgos porque en la convivencia sólo los une el amor, sin la obligación legal sobre el otro o por lo menos de hacer un esfuerzo extra por luchar en la relación.

Las relaciones de hoy son más frágiles, incluso entre quienes llevan bastantes años juntos. Existen menos reparos con respecto a la soledad y hay varios que se mantienen en ese estado por opción.

Cada día los jóvenes están más individualistas y sin deseos de asumir muchas responsabilidades. Muchas veces optan por: ‘estemos juntos y pasémoslo bien, pero cuando esto ya no funcione, nos separamos y cada uno para su casa’. Los matrimonios son más cortos porque se vive con la idea de lo desechable, incluso en las relaciones personales. No se lucha por mantener lazos.

Se trata del proceso que paulatinamente se ha ido generando en el mundo, y que se ha instalado también en nuestro país, modificando la idea de familia, que hasta hace algunos años todos conocíamos.
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